miércoles, 19 de octubre de 2022

Pasionaria (Passiflora caerulea)

 


También llamada mburucuyá (del guaraní mburukuja), flor de la pasión, pasionaria azul o simplemente pasionaria, es una especie de planta trepadora que crece de forma silvestre, capaz de ascender a 15–20 m de altura, si tiene árboles o algún otro elemento disponible como soporte-. Se comporta como perenne en climas tropicales y caducifolia en zonas de inviernos fríos. En clima tropical florece todo el año.

El diámetro de sus llamativas flores oscila entre 4 y 10 cm y son polinizadas por insectos, mayormente por abejorros, su fruto es una baya elipsoide, color anaranjado, de 3 a 7 cm, comestible. Las semillas son pequeñas y son diseminadas por los animales que se alimentan de sus frutos como aves, mamíferos y hormigas. Se cultiva en diversas partes del mundo como ornamental. La inflorescencia es solitaria y nace también en las axilas de las hojas. La flor, de unos 8 cm de diámetro, es compleja.

Otros nombres: flor de Cristo, flor de la pasión, burucuyá, pocote,  pasiflora. Guaraní: mburucuyá guasú. Inglés: Passion flower. Portugués : flor da paixao, maracujá azul. 

Simbología cristiana: La inusual forma de las flores ha sido motivo de asociación con la simbología cristiana de la Pasión de Jesús: sus tres estigmas florales representan los tres clavos usados para clavar a Jesús en la cruz; el ovario y su base representa el cáliz de la Última Cena; las cinco anteras representan las cinco heridas; la corola representa la Santa corona, los diez 'pétalos' (en realidad son cinco pétalos y el resto son sépalos) los apóstoles (salvo Judas Iscariote el traidor y Pedro el negador); las hojas viejas también representan las manos de aquellos que lo persiguieron, y las hojas nuevas, la punta de la lanza usada para punzarlo; y, los zarcillos, los látigos con los que lo azotaron.













“La leyenda de Mburucuyá"
Mburucuyá era una muchacha española, hija de un capitán, que se había enamorado de un indio guaraní con quien se veía a escondidas de su padre todos los días cuando empezaba a oscurecer. Éste había decidido que su hija debía casarse con un joven capitán español. Una noche, el indio no apareció, había sido asesinado por el padre de Mburucuyá. Al enterarse, ella se hundió una flecha de plumas en el corazón que quedó sobre su pecho como una flor y cayó sobre el cuerpo de su amado muerto. Tiempo después en ese lugar brotó una planta hasta entonces no vista. Esa planta era el mburucuyá.” (Diario La República, Corrientes, Argentina, Ed. 12/11/2006)
 
Lázaro Flury (1909-2002), una de las figuras más destacadas en el campo de la folclorología, publica la siguiente versión sobre la leyenda Mburucuyá: 
"Aconteció esto en las cálidas tierras de Tupí, hace muchísimos años. Tupán no había creado todavía en aquel entonces ni el guayacán, ni el curupay, ni el canambí, ni muchas otras plantas prodigiosas, obra de sus milagros...
Había sobre la costa del Paraná una tribu feliz, muy feliz... Su cacique se llamaba Irnndi y la vida era una bendición de paz y felicidad. Para dicha mayor Irnndi tenía una hija cuyos ojos rivalizaban en esplendor con el Sol, a quien adoraba y adoraba su gente. Como era tradicional, antes de morir, Irnndi expresó que era su voluntad que su hija Isapi (rocío) se casara con el cacique Acaviray...Y aquí comenzó la tragedia. Isapi no lo amaba y no podía amar a ese hombre inhumano con su gente, sensual y desenfrenado... .
Y cuando su padre murió, antes que Acaviray pudiera tomarla, huyó por el bosque, resuelta a morir antes que caer en sus manos. Anduvo muchos días y muchas noches, hasta que sus fuerzas se agotaron y cayó rendida en la selva. Mientras la fiebre la consumía veía pasar en sueños las aguas del Paraná, al alcance de sus manos, deslizándose suaves y rumorosas, para darle en sus hilos cristalinos el precioso líquido para apagar su sed. Y ella bebía.. .bebía. .. hasta que las sombras de la inconsciencia más completa se apoderaron de su frágil y delicado ser.
Quiso Tupán que un sacerdote que vivía con sus indios en las inmediaciones, la encontrara en la selva moribunda. Calmó su sed, sació su hambre y la llevó a su Misión. Ahí Mburucuyá aprendió la lengua de aquel hombre blanco, y de sus palabras dulces, conoció al Dios cristiano, infinitamente bueno, todo amor y misericordia.
Nunca había soñado con un Dios tan bueno y grande que brindó hasta su sangre para salvar a los hombres. Que no conoce ni el odio, ni la venganza, ni la maldad. ¡Un Dios que llama a los hombres para salvarlos! !Que los ama!... ¡Oh; infinito misterio de las cosas! ¡Nunca lo había soñado, nunca!...
Los indios convertidos que no conocían su nombre la llamaron Mburucuyá. En el silencio de las noches ella prometió a ese Dios bueno ofrendar algo en su honor. Y lo propuso al misionero: ir a la tribu que fue de su padre y ofrecerle en la Cruz el camino de la salvación. Y así lo hicieron. Caminaron largos días por la selva y sendas noches. Mburucuyá iba eufórica a cumplir con aquel deber de gratitud.....
Llegaron por fin, y ella, Isapi, la hija del cacique Irundi, explicó el alcance de la visita y el mensaje de Amor en nombre de Aquel ser infinitamente bueno, que había llenado de amor su corazón.
Acaviray, el taimado, escuchó atento a la desertora y, finalmente, con toda frialdad y cinismo, ordenó el lanceamiento de ambos. Misionero y sierva cayeron bajo las flechas arteras en la quietud de la selva, y la cortina de la noche se extendió sobre un drama más...
Pero al día siguiente en el preciso lugar de la ejecución había brotado una planta nueva. Era el Mburucuyá. Su flor era una cruz y Dios puso en ella los atributos de. su pasión: los tres clavos que horadaron sus manos y pies, la corona de espinas que ciñó su frente; las cinco llagas de luz y en el corazón de su corola, una a una las gotas de su sangre preciosa. Y fué desde entonces la eterna Mburucuyá, símbolo del sacrificio por amor a su Dios...
Y Acaviray, al morir, se convirtió en pájaro agorero del mal, cuyo graznido anuncia el odio, y anda por los montes sin reposo, despreciado de todos, llevando aún en sus ojos sanguinolentos todo el rencor que lo incitó al crimen... Es el cuervo o pitá cumpliendo su condena interminable. en la soledad de los bosques umbríos por los siglos de los siglos...." (Flury, Lázaro: “Leyendas Americanas”, Ciordia y Rodríguez Editores, Bs.As. 1951).

BIBLIOGRAFIA

INATURALIST

INSTITUTO DE BOTANICA DE DARWINION

FLORA BONAERENSE

VERDE CHACO


 

http://floradeluruguay.blogspot.com/2009/10/mburucuya.html


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